Óleo sobre lienzo pintado por Murillo hacia 1645. Hoy se conserva en la Alte Pinakothek de Múnich.
Dos niños comen fruta en un rincón cualquiera: uno levanta el racimo para dejarse caer las uvas en la boca y el otro no suelta su tajada de melón. Murillo pintó varias escenas como esta, con los niños pobres de Sevilla de protagonistas, y eso entonces era rarísimo: los niños de la calle salían de relleno en las esquinas, no en el centro del cuadro y con la misma luz solemne que un santo.